lunes, 31 de octubre de 2011

CIENCIA y FILOSOFIA

Este es el nombre del seminario introductorio que comenzaremos el sábado 5 de noviembre en Centro Cultural San José. Pareciera que ambos términos son incompatible. Tal vez para entender el objetivo podríamos renombrarlo y hablar de las implicancias filosóficas de la ciencia, ya que los descubrimientos en neurociencias,por mencionar algo, nos marcan cuales pueden ser los cambios en la mente de los hombres y por supuesto en las sociedades humanas o no humanas. Se sabe hoy que las radiofrecuencia de los celulares entorpecen el vuelo de las abejas haciendo daños en las sociedades de este insecto o que las zonas cerebrales de los humanos que se activan en diferentes actividades intelectuales son diferentes y entonces dependerá la formación mental de los individuos de acuerdo a las actividades que desarrolle. 


Pongo en consideración el artículo recientemente publicado en un matutino porteño el cual nos da una visión sobre ese gran tema que es internet y cómo modifica los hábitos de lectura y por ende de aprendizaje de las personas:

Flotar sobre el conocimiento

http://www.pagina12.com.ar/commons/imgs/go-gris.gif Por Esteban Magnani  (periodista y divulgador científico)
“¡Oh rey!, le dijo Teut, esta invención hará a los egipcios más sabios y servirá a su memoria; he descubierto un remedio contra la dificultad de aprender y retener.”
Fedro, Platón, 370 a.C.
Nicholas Carr es un periodista de cierta reputación, especializado en tecnología; es colaborador de The Guardian, entre otros medios conocidos, y autor de un best-seller que además está nominado para los premios Pulitzer. Su título es bastante directo: Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet a nuestros cerebros? Sería fácil alinear a Carr (algo que, para ser justos, él mismo acepta como posibilidad) entre los reaccionarios a las nuevas tecnologías, cuya tradición posiblemente se inicie en el Fedro de Platón. Allí, el dios Teut le cuenta al rey Tamus que ha inventado, entre otras cosas, la escritura que “hará a los egipcios más sabios”. Tamus le responde: “Tú no has encontrado un medio de cultivar la memoria sino de despertar reminiscencias; y das a tus discípulos la sombra de la ciencia y no la ciencia misma. Porque, cuando vean que pueden aprender muchas cosas sin maestros, se tendrán ya por sabios, y no serán más que ignorantes, en su mayor parte, y falsos sabios insoportables en el comercio de la vida”.
Carr acepta que puede ser que, al igual que ocurrió con la invención de la escritura, sea más lo que se gana que lo que se pierde, pero se aboca a describir la mitad del vaso vacío. Insiste que él, al igual que muchos colegas suyos, ha perdido la capacidad de concentrarse en profundidad en la lectura. La causa de semejante pérdida sería que cada vez se lee más en Internet, con la consiguiente dispersión sistemática entre temas que se multiplican hasta el infinito. En un artículo llamado “¿Google nos está volviendo estúpidos?”, afirma que “la lectura profunda que me resultaba natural se ha vuelto una lucha”.
EL MEDIO Y EL MENSAJE
Carr se apoya en Marshall McLuhan, quien explica que “los efectos de la tecnología no ocurren a nivel de opiniones y conceptos” sino que más bien “alteran patrones de percepción lentamente y sin ninguna resistencia”. A nivel neurológico lo que ocurre es que, como los circuitos cerebrales son muy maleables, se adaptan a los usos que les damos, reforzándolos. Por ejemplo, los sectores del cerebro que se usan para leer ideogramas no son los mismos que para la lectura alfabética. Un cerebro con ciertas partes más desarrolladas “ve” el mundo de una manera, de la misma manera que, por ejemplo, un fisicoculturista camina distinto que un pintor.
Incluso –especula Carr– es probable que no sean los mismos circuitos los que se usan para leer en papel y en una pantalla. Es decir, que la lectura superficial, permanentemente interrumpida por la digresión del hipertexto, refuerza ese tipo de conducta que se naturaliza, mientras que se pierde capacidad de una lectura profunda, a la que se dedica menos tiempo. Ya no leemos: saltamos, nos movemos, escaneamos y abrimos innumerables ventanas que nunca terminaremos de leer. Un estudio realizado sobre jóvenes nacidos junto a Internet, cita Carr, indica que ellos ya ni siquiera leen de arriba hacia abajo si no que escanean la página buscando trozos de información relevantes. Lo que parece anunciar Carr es –una vez más...– la inminente muerte del libro que implica una forma de lectura lineal.
Incluso el medio afecta cómo elaboramos el mensaje: un interesante ejemplo es cómo cambió la forma de escribir de Friedrich Nietzsche a partir de la compra de una máquina de escribir para superar sus problemas de visión. En un intercambio epistolar, debate con un amigo acerca de cómo su escritura se ha vuelto más telegráfica y perdido poesía. “No sólo somos lo que leemos. Somos cómo leemos”, explica a Carr la psicóloga evolutiva y especialista en el tema, Maryanne Wolf.
En principio, la hipótesis resulta razonable: casi cualquier usuario de Internet evita el esfuerzo de recordar lo que está a un par de bits de distancia. Entonces, ¿antes recordábamos más? Es posible, si se tiene en cuenta que la memoria se ejercita menos. Pero Carr lleva las cosas un poco más allá. Cita un estudio realizado en la Biblioteca Británica durante 5 años en el que se encontraron cambios en los hábitos de lectura: la gente pasaba de una fuente a la otra, sin volver casi nunca a la anterior. Los investigadores de la University College London aseguraban que estaba emergiendo una “lectura horizontal a través de títulos” en los que se buscaban “resultados rápidos y exitosos”. Así las cosas, concluye Carr (ahora sí más pesimista), se pierde la capacidad de interpretar los textos para transformar a los lectores en meros “decodificadores”. Ya nadie leerá, insiste, La guerra y la paz de Tolstoi.
Superficiales... sirve para discutir y acotar algo que estaba en al aire para muchos usuarios de Internet, quienes perciben cambios en su relación con la palabra escrita y su propia memoria. Incluso el Nobel Mario Vargas Llosa escribió un largo artículo cuyo título hace casi innecesario el resumen: “Más información, menos conocimiento”. Baste un extracto: “Cuando la memoria de una persona deja de ejercitarse porque para ello cuenta con el archivo infinito que pone a su alcance un ordenador, se entumece y debilita como los músculos que dejan de usarse”. Al igual que el rey Tamus, Vargas Llosa concluye que hay más relevancia en lo que se pierde que en lo que se gana.
PERO, ¿QUE SE GANA?
En un interesante artículo del biólogo y periodista español José Cervera se reconocía que es posible que algo se pierda y que algo se gane (podría decirse que ésa podría ser una definición de “cambio”). “El problema no es la falta de profundidad del pensamiento sino la creciente esterilidad de los abismos del saber”, asegura Cervera, para quien hay una tautología en el argumento de Carr que asocia acríticamente profundo=bueno y superficial=malo. ¿Es tan fácil llegar a esta conclusión? Para Cervera, lo que no se está viendo es lo que sí se gana: la lectura horizontal (o superficial) permite la interconexión entre campos que antes estaban aislados. Es más: uno de los problemas fundamentales del conocimiento en el siglo XXI es el exceso de especialización. Antonio Machado decía a través de su personaje Juan de Mairena: “¡Lo que sabemos entre todos! ¡Oh, eso es lo que no sabe nadie!”. De alguna manera, Internet favorece la conexión de lo que antes estaba aislado.
De hecho, este artículo mismo permite conectar cosas que no hubieran sido posibles sin Internet para buscar citas, seleccionar y recortar las mejores frases relacionadas con este tema; los artículos e incluso los fragmentos del libro disponibles en la red resultaron fundamentales para su confección. El resultado es algo nuevo que permite construir puentes imprevistos. Como Carr mismo reconoce, su tarea como periodista era mucho más engorrosa y menos productiva cuando tenía que pasar horas en una biblioteca para reunir las citas que ahora le llevan escasos minutos. Gracias a eso él puede escribir con mucha más eficiencia artículos o incluso libros que, según cree (paradójicamente), nadie estará en condiciones de leer si tienen más de tres párrafos.
EL PARAISO PERDIDO
Pero el argumento de Carr también tiene, hay que decirlo, cierto tufillo de intelectual aristocrático. Asegurar que ya nadie va a tener paciencia como para leer La guerra y la paz suena un poco elitista. ¿Cuánta gente leyó la novela de Tolstoi en las últimas décadas? ¿Qué le hace pensar que de no existir Internet la tendencia sería a que cada vez más gente lo haga? Por el contrario, parecería que al menos la literatura puede llegar a mucha más gente pese a que, como indica Vargas Llosa, la inmensa mayoría no la leerá. ¿Qué se podría esperar si leer un 1 por ciento de todos los libros que hay en Internet llevaría innumerables vidas? La cantidad de información disponible se ha multiplicado brutalmente y la alta literatura ha quedado en esa maraña, pero más accesible para quien la busque.
En definitiva, el problema de Carr recuerda al que tuvieron los filósofos alemanes Theodor Adorno y Max Horkheimer, quienes al huir del régimen nazi hacia los EE.UU. escriben su obra maestra Dialéctica del Iluminismo, de 1944. Allí critican la liviandad de la sociedad de consumo de ese país tan rico y, a su juicio, tan ignorante. La crítica implacable parece motivada por la desilusión de ver que las masas obreras enriquecidas y con más tiempo libre del planeta se vuelcan a la diversión superficial en lugar de hacerlo al consumo del gran arte.
En resumen, si bien probablemente Internet no favorezca la lectura de La guerra y la paz entre las masas, no parece ser éste el obstáculo estadístico principal para que aumente el número de sus lectores. Internet, al menos por ahora, si bien puede tener una incidencia en la forma de pensar de ciertos sectores ilustrados, no modifica la vida intelectual de las mayorías, cuyas preocupaciones son más básicas. Incluso hay un sector que probablemente comienza a acceder a la cultura letrada gracias a Internet y tal vez –sólo tal vez– algunos de ellos lleguen también a interesarse por la alta literatura.
En cualquier caso, ante lo nuevo siempre es mucho más fácil saber lo que se está perdiendo (porque se lo puede ver) que imaginar lo que se ganará. Los religiosos de los tiempos de Gutenberg temían que la imprenta socavara la fe de las mayorías. Obviamente hoy sabemos que así fue y que además se democratizó el conocimiento y la posibilidad de acceder a él como nunca antes había ocurrido. ¿O alguien sigue estando en contra de la alfabetización porque afecta la cultura oral?
Lo nuevo, por definición, tiene consecuencias desconocidas que se van plasmando en la realidad. Anticiparlas o, peor aun, imaginarlas tomando la propia experiencia como si fuera representativa, puede contribuir a mantenernos en la superficie del problema.

viernes, 28 de octubre de 2011

S E M I N A R I O

Recordamos que el sábado 5 de noviembre comienza el seminario sobre Ciencia y Filosofía en el Centro Cultural San José. Aprovechamos la oportunidad para remarcar que el mismo comienza 19 y 30 ya que en algunas invitaciones y afiches se menciona otro horario más temprano.


Para la semana que viene tendremos listo el programa con más detalles que subiremos a este blog.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

I N V I T A C I O N - S E M I N A R I O

Invitamos a inscribirse y concurrir al seminario que desarrollaremos los días 5,12,19 y 26 de Noviembre del corriente año en el Centro Cultural San José de la ciudad de Olavarría.






SEMINARIO: . CIENCIA Y FILOSOFIA ”
                                 BASES PARA EL CRECIMIENTO


Disertantes: Dr. Carlos García Canal (UNLP) -  Prof. José Valdez – Ing. Alberto Sallies – Dr. Augusto Hernando –
Ing. Rubén Cassino
-       Ciencia es Cultura
-       Física
-       Bilogía
-       Evolución
-       Sistemas Complejos adaptativos: la vida, la sociedad
-       Su influencia en la Educación y Políticas Públicas

Los organizadores pertenecen al grupo “Pensar desde Olavarría” del Centro de Estudios del Pensamiento Contemporáneo

Día, Lugar y Horario: Sábados 05, 12, 19 y 26 de Noviembre, Centro Cultural San José,  18:00 a 20:00 Horas.

            (ENTRADA LIBRE Y GRATUITA)
Inscripción en la web: pensardesdeolavarria@gmail.com


viernes, 9 de septiembre de 2011

EL CAMINANTE - de Humberto R. BUZEKI

El Domingo 4 de Septiembre tuvimos la oportunidad de compartir, en el ámbito de LIBROS OLAVARRIA , 20º Muestra, la presentación del libro El CAMINANTE y Otros Cuentos cuyo autor es Humberto R. Buzeki. Un integrante del grupo pensardesdeolavarria del Centro de Estudios del Pensamiento Contemporáneo que auspicó el encuentro. Centro que desarrolla sus actividades en la Casa de La Cultura, Municipalidad de Olavarría.
Humberto Raul, nació en Olavarría. Se graduó en el Colegio Nacional de Azul. Locutor y periodista en Radio Azul, incorporándose a nuestra radio local, LU 32 Radio Olavarría en 1970.
En 2009 cursa un posgrado internacional y recibe el título de "magister en Políticas Pública", tema que desarrollará con otros integrantes en el próximo año en los seminarios que pensardesdeolavarría organizará.

Estuvo presente el Grupo Coral Matices, dirigido por el Prof. Luis María De Olaso.

Compartimos algunas imágenes del momento:



Aquí, a su derecha, con uno de sus presentadores, el Dr. Adolfo Rocha Campos, quien prologó el libro.

 Aquí, con Norma Guerra, quien presentó EL CAMINANTE y a su autor en la Muestra 2011





viernes, 12 de agosto de 2011

M a r i o B U N G E ----para reflexionar

Mario Bunge es a mi entender uno de los pensadores que mejor aproxima filosofía y ciencia en ausencia de una filosofía como ciencia estricta como pedía Husserl. Podemos ver en este artículo su capacidad de crítica ante la distorsión que se presentan en psicología, religión, ideologías políticas, sociedad y otros temas. Faltó aquí la crítica al cientificismo como el fanatismo por lo científico cuando mucho lo que pregona solo son técnicas con metodología científica.


Conversación con Mario Bunge



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Mario Bunge dijo:
“Sólo los fanáticos odian a las personas tanto como a las doctrinas”



¿Por qué la filosofía? Pero, ¿por qué si el físico Stephen Hawking dispensa en su último libro sendas necrológicas de la religión y de la filosofía, Bunge, a quien el ateísmo, como el valor en las cartillas militares, se le supone, se niega a dejar de ser filósofo por amor de ser científico?

Los filósofos se plantean problemas mucho más generales que los científicos. Por ejemplo, qué es la materia, en lugar de preguntarse sobre las propiedades del agua o de la llamada materia oscura. Y se permiten poner en duda algunas especulaciones de los científicos, tales como las de Hawking sobre el mal llamado origen del universo, que en realidad es el origen de la expansión del universo. Análogamente, los filósofos de la mente se preguntan sobre la naturaleza de los procesos mentales en general, en lugar de averiguar, por ejemplo, cómo interactúa el órgano del conocimiento -la corteza cerebral- con el de la emoción -el llamado sistema límbico.

Las pseudociencias son un timo, pero, ¿no suele el “timador” aprovecharse de la avaricia del timado?

Los chamanes y psicoanalistas no recurren a la avaricia sino al deseo de comprender la vida sin estudiarla seriamente. Como dijo Borges, los psicoanalistas explotan el narcisismo, en particular el concreto deseo de que alguien ajeno se ocupe de nuestros problemas personales.

Cuando escucha la palabra “energía”, ¿echa mano a la pistola?

Empiezo por preguntar si se trata de una energía especial, tal como la gravitacional o la química, o del concepto general de energía. Si es lo primero, sugiero que se consulte obras científicas; si lo segundo, observo que el concepto general de energía pertenece a la ontología, donde puede definirse como la capacidad de cambiar. De esto trata un capítulo de mi próximo libro, Filosofías y fobosofías.

¿Y cuando alguien se justifica “es que los Capricornio somos así...”?

Tengo la suerte de que rara vez me topo con creyentes en la astrología. Supongo que ésta es una de las ventajas de los que nacimos bajo el signo de Virgo.

¿Que un farmacéutico venda homeopatía es como si un arquitecto edificara sin materiales?

Buena analogía. Desgraciadamente, la enorme mayoría de los creyentes en la homeopatía no saben que algunas de las diluciones que les venden como fármacos homeopáticos son del orden de una molécula por galaxia, lo que las hace totalmente ineficaces.
En la atiborrada pasarela de las pseudociencias hay estrellas que despuntan. Y no es fácil estar al día de las que más se llevan.“Depende del país. En Argentina todas prosperan por igual. En México, el chamanismo herborístico. Y en los Estados Unidos, la teoría económica estándar”.


¿Y cuál es la pseudociencia más peligrosa?

La teoría económica estándar, porque sustenta las políticas económicas de los gobiernos conservadores y reaccionarios, que son enemigos del bienestar de la gente común.

¿Y la más extravagante?

La llamada psicología evolutiva, que pretende explicar todo lo social en términos biológicos imaginarios, tales como el deseo de todo hombre de difundir al máximo sus genes.

¿Y la legión de psicoanalistas argentinos no ha pedido la revocación de su nacionalidad?

Todavía no, pero no me sorprendería que un día lo hagan.

¿Cómo sobrelleva un escéptico el martirio de pegarse día a día con todo el mundo?

Muy bien, sólo los fanáticos odian a las personas tanto como las doctrinas. Uno puede ser intolerante con las teorías falsas, pero tolerante con quienes las sustentan, a condición de que no medren con ellas.

Dice usted que una de las pseudociencias con más adeptos hoy -entre científicos como Richard Dawkins- es el determinismo genético. ¿Cuál es su falla?

Lo que pasa es que Dawkins no es un científico sino un divulgador. Peor, la genética que difunde no es la científica sino su versión personal de la misma. Además, jamás se tomó la molestia de aprender el Abecé de la psicología, que muestra que nuestros procesos mentales están fuertemente influidos por el entorno social, como señalan los estudios serios sobre gemelos “idénticos” criados en hogares de clases sociales y ocupaciones muy diferentes.

Que los fraudes se invistan de ropajes científicos, ¿no rinde un homenaje al poder y legitimidad de la ciencia hoy?

Efectivamente. En política sucede algo parecido: suele oprimirse o explotarse a la gente en nombre de la libertad (neoliberalismo) o de la igualdad (comunismo).

Ni comunismo ni “neoliberalismo” son teorías científicas de la sociedad. ¿Cuál lo sería?

Distingamos teoría política de ideología política. Encontrará bastante de ambas en mi Filosofia política (Gedisa, 2009). En particular, verá que, aunque prefiero la socialdemocracia a sus alternativas, propongo otra, a saber, el socialismo cooperativista, que aún no ha sido ensayado a escala nacional. Pero ya lo entrevieron los dos únicos auténticos socialistas que ha parido España: Louis Blanc (quien floreció en París aunque nació en Madrid) y el jesuita vasco Jose María Arizmendiarreta, cofundador de Mondragón.

¿Por qué la mayoría de los escépticos es de izquierda? ¿No son también, tanto la izquierda como la derecha, supercherías a extinguir?

Creo que eso ocurrió entre la Ilustración y la Segunda Guerra Mundial, con la excepción de los marxistas ortodoxos, que eran dogmáticos y se decían de izquierda. Desde 1945, la izquierda europea ha sido infectada por el postmodernismo, que es irracionalista y, en particular, anticientífico.

Chesterton decía que cuando dejamos de creer en Dios empezamos a creer en cualquier cosa. ¿No erigió el catolicismo una suerte de defensa contra fraudes new age?

Lo dudo, porque las supercherías postmodernas emergieron mucho después de Chesterton. Lo que es cierto es que el catolicismo ortodoxo se opone a las demás supersticiones porque compite con ellas por nuestras “almas”. Pero también combate a las filosofías procientíficas, en particular las materialistas. Muchos filósofos católicos comparten y difunden las ideas de Popper porque éste creía en la mente inmaterial.

Señala que la difusión de la superstición es un fenómeno psicosocial que debería ser sometido a investigación científica. ¿Cuál es su diagnóstico?

No lo sé. Los expertos en manipulación de la opinión pública -en materia comercial y científica- son más numerosos que los investigadores de los mecanismos psicosociales involucrados en la credulidad.

Si las supersticiones infectan las mentes tal que virus, ¿qué nos vacunaría contra ellas?

La única vacuna eficaz es una combinación de educación científica con reflexión filosófica. La primera no basta, como lo muestra el caso de eminentes científicos que han creído en la parapsicología, la homeopatía y otras yerbas. Tampoco basta la filosofía, ya que está llena de supersticiones, tales como las del alma inmaterial y el conocimiento intuitivo y a priori.


Contribución de: Ing. Rubén Fernando CASSINO


viernes, 22 de julio de 2011

Conferencia Padre Lopez Parte 2

Va Parte 2


miércoles, 20 de julio de 2011

Conferencia Padre Lopez Parte 1

Espero que puedan escuchar las conferencias prometidas. Iré cargando de a una.


 
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